
El destino inmediato de los dos y de sus equipos necesitó gastar las últimas 5 décimas del tercer y último juego para definirse. Así se jugó la serie que Parque Sur se llevó ante Sportivo San Salvador por la Conferencia Litoral de la Liga Federal de Básquet. Por primera vez en sus vidas, Federico Torres y Santino Lanzi, no compartirían la emoción de la clasificación o la tristeza de la eliminación. Porque en todo lo anterior que jugaron desde que picaron una pelota de básquet lo hicieron juntos, defendiendo los mismos colores. Esta vez los destinos del deporte, en el que es un placer verlos jugar desde las categorías de minibásquet, los tenía a uno en cada banco.
A Santi le tocó jugar más en San Salvador que a Fede en Parque Sur en los últimos dos torneos, en los que se cruzaron unas cuatro veces (más dos amistosos). Justo el viernes fue al revés. Santi Lanzi sumó algo más de 8 minutos en cancha y Fede Torres jugó casi 21. La serie los tuvo un rato a los dos juntos en la cancha, con colores diferentes y buscando lo mismo para sus equipos: la clasificación para seguir en el torneo. En ese mismo lugar donde crecieron, jugaron en todas las categorías juntos, ganaron y perdieron y sobre todo construyeron la amistad.
Muchos todavía creen que lo más importante es ganar. Que un triunfo o una clasificación es lo que más importa. ¿De qué serviría la amistad que estos gurises forjaron en todo su crecimiento, en miles de tardes, entrenamientos y partidos, si lo único que importara fuera ganar? Torres y Lanzi, con los lógicos sabores diferentes del resultado en el final del partido, dejaron en claro qué es lo más importante: la amistad. Y todas las otras cosas del juego que aman vienen atrás, inclusive las victorias o clasificaciones.
Fede Torres fue a saludar y a buscar el abrazo de Santi Lanzi antes de festejar con sus compañeros, antes de saltar en la mitad de la cancha y festejar el triunfo con los chicos. Hizo eso ante un estadio que quería bajar a la cancha a abrazarlo. Fede abrazó a Santi, que también fue a buscarlo entre una multitud que invadió la cancha ni bien terminó el partido, inclusive antes de llorar con su propio viejo y emocionarse con toda su familia en la tribuna luego del partido que había jugado. Primero el amigo, el compañero que acababa de enfrentar. Después los suyos y todos los que lo ven jugar desde siempre en su club, el que también es de Lanzi, más allá de este presente. Pensar que hay gente, entre ellos entrenadores y dirigentes, que sostienen que lo único que importa es la victoria. Pobres, todas las cosas que se pierden hablando de ganar o perder.
Todos los fines de semana, en diversos lugares de la provincia, vemos papás o mamás de chicos de entre 12 y 17 años, que son expulsados de un estadio por los árbitros por insultar un juez o gritarle a un pibe de categoría U13 que juega con otros colores que el de sus hijos. Y para ver esto, lamentablemente cada vez con más frecuencia, no importa el partido, la cancha, el club o la categoría. Vayan donde quieran, un sábado o domingo. Todos buscando lo mismo, inclusive entrenadores que ponen por delante un resultado por sobre un mensaje. El mejor es el que gana. El que sirve es el que logra un triunfo.
No me quieran correr luego de tantos años de cancha que ganar no interesa. No discutimos eso. Se juega para ganar. Pero hay caminos. Y hay un montón de cosas más, varias más importantes inclusive que el resultado final, lo de Torres y Lanzi por ejemplo. Esa amistad que construyeron de chicos y durante años es la victoria siempre.
Hoy gané yo, me tocó a mí. Pero antes tomo mates con vos. Y luego del partido voy a abrazarte. A decirte que esto sigue. Y a la noche salimos juntos, porque la amistad no entiende de eliminaciones. Se necesita siempre. En las victorias para ser festejada y en las derrotas más todavía, para bancar la parada.
Hoy perdí yo. Necesito tu abrazo, pero en los segundos posteriores, los primeros mascullando la derrota en la piel, también te felicito y en el dolor reciente de mi final de torneo, me alegro por vos. Hay hermanos de sangre. Y hermanos que elegimos mientras la vida gira.
Santino Lanzi y Federico Torres, parte de aquella hermosa U13 que en 2019 conquistó el primer campeonato argentino de clubes para los Sureños en Comodoro Rivadavia, estuvieron hace apenas unos días viendo a sus dos hermanos: Benicio Lanzi y Jero Torres son, como ellos en su momento, compañeros en la actual U13 sureña que marcha invicta en la Liga Provincial y promete. Casualidades y datos de color que regala el deporte.
En esta serie, además, Tani Naveira –otro de aquel equipo U13 campeón nacional- estuvo en el banco sureño. Y en Sportivo, junto a Lanzi, estuvo en la banca el concordiense Erich Bachmann; también parte de esa memorable camada. Podríamos agregar que el joven Franco García Lasco fue otro de los suplentes de Sportivo: campeón el año pasado con Central Entrerriano en el Gigante en la Copa de Oro U17. Da ganas de ver otra vez y relatar los tres suplementarios. Ni el básquet quería que se termine.
Otro dato: Lasco, Lanzi y Bachmann, la juventud de este equipo del Federal: los tres fueron subcampeones argentinos con la Selección de Entre Ríos en el Argentino U13 de 2019.
El básquet y sus caminos, como la vida misma. Por suerte, Torres y Lanzi se pararon en ese abrazo en la vereda opuesta a esa locura con la que se persiguen las victorias.
Después están las redes y los medios. Si Lanzi y Torres se hubieran insultado peleando una bola hoy habría videos dando vueltas por todos lados. Y con dos trompadas llegarían a los medios nacionales, tiburones detrás de la sangre. Pero cómo se abrazaron parece una pavada, pasó desapercibido. No tengo ganas a esta altura de dejarlo pasar. Al menos si debemos soportar padres o madres, inclusive DT a los gritos todos los fines de semana. Ordenemos lo importante antes que algún día pase a ser normal lo otro.
Lo de Torres y Lanzi es el mensaje, es el lugar para insistir, para marcar, vayamos por ahí, es mejor para todos. No es el único por suerte, también es verdad. Es el que vimos ahora. El básquet y los clubes son sinónimos de amistad. Escuchamos tantas veces el eslogan que el minibásquet es amistad que olvidamos incluir a las formativas. Lo tiene que seguir siendo. Y sino miremos a éstos dos gurises, nuestros como tantos otros, que le hablaron a un estadio en ebullición el viernes. Los abrazos hablan abrazando mientras todos saltan, cantan, se putean, lloran porque perdieron, etc. Se puede jugar en un equipo, mañana en otro, ser compañeros o una serie en una Liga ponerlos frente a frente, pero la amistad no es negociable ni se rifa en un playoffs. Si insistimos sobre esta enseñanza la locura que nos rodea será menor. Y en todo caso, seremos más los que nos reímos de ella mientras intenta aturdirnos. Bienvenidos esos abrazos, son un soplo de aire fresco.

